Otro de los grandes relatos de nuestro buen amigo franzBec3.
asi como el, los que tengan algo que mostrar en el blog lo pueden hacer enviando su contenido al siguiente correo scorpioncoel@hotmail.com
Hola, en esta ocasión les contaré que a pesar de que intenté controlarme me dejé llevar por la tentación que significa para mí el cuerpo de una de las jóvenes practicantes en el estudio de abogados en el que trabajo y donde asesoramos a congresistas del estado.Entré a trabajar a este estudio hace tres años por méritos que tuve como docente en una universidad particular de la capital y hoy, a la edad de 45 años, creo tener una situación estable en mi hogar y en el aspecto laboral.A mediados de el presente año, la gerencia de la empresa decisión crecer y contratamos nuevo personal. Por mi parte, le brindé mi confianza a un grupo de alumnos y alumnas del séptimo ciclo de Derecho que conocí en los cursos que dicté.Una de las practicantes se llama Elena, es simpática, no una belleza de certamen, pero la armonía de sus curvas y su piel blanca y tersa la han convertido en la dueña de mis sueños todas las noches. El traje de sastre con el que asiste a laborar trasluce en algunas ocasiones sus tangas y eso es lo que más me gusta ver durante las horas que pasamos juntos en el estudio. Entre tantos meses ya me la he topado agachada cuando veo una figura que me hace vibrar, veo su cintura donde nace una perfecta ilusión de una fruta prohibida que deseo morder. Y los bordes de su ropa interior me confiesan que las carnes de esta jovencita son abundantes y por poco más podrían reventar las telas que la envuelven. Ya van entendiendo mi fijación por Elenita y eso que no se imaginan los ojitos de inocente que tiene pero la boquita de traviesa. Sus senos redonditos y grandes me mantienen en erecciones prolongadas que recién pude desahogar en el último mes.Fue hace un mes que tuvimos una fiesta por el cumpleaños de Carmen, otra de las practicantes del estudio, y en esa ocasión fue que mi vida empezó a pasar del morbo en mi mente a probar el cuerpo de Elenita que ya se enterarán hasta dónde lo conozco.En horas de la tarde estuve atento a los movimientos de Elena, para quedar solos en el ascensor e incursionar en ella, poder prepararla para la noche que yo tanto había esperado. Apenas vi que juntaba sus cosas en su maletín, la vi agachada y aprecié una delgada tira que sujetaba su calzoncito pero no podía distraerme allí, sino que cogí mi maletín y me dirigí a la salida del estudio. En la puerta nos topamos, abrí gentilmente la puerta y ella avanzo moviendo sus piernas y sin poder evitar menear su trasero enorme que se mueve de una manera que me provoca arrancarle la ropa allí mismo.Seguimos por el corredor hasta el ascensor en una conversación amena y entramos para bajar 14 pisos. Ella con sus manos ocupadas me dio la oportunidad de presionar el primer botón del ascensor con lo cual yo me aproximé a su cuerpo de una manera estratégica y tal fue mi suerte que ella se agachó a recoger su carné de la universidad, tuvimos un roce entre sus nalgas y mi pene, que delicia, ella volteó y me dijo que casi se cae, volví a tener una visión de su ropa interior y confirmé la tanguita roja que llevaba puesta. No le dije nada a Elenita pero mi pene le había contado a su conchita todos los deseos que sentía por ella.Descendíamos y empecé a preguntarle sobre sus cursos y el trabajo, lo cotidiano, todo le iba bien pero la distraía su reciente ruptura con su novio. Ese sería el tema que conversaríamos en la noche, tal vez por ese lado podría llevarla a la cama. Fuimos en mi auto a la universidad y yo deseaba que sea verano pues sus piernas se veían preciosas en ese pantalón de sastre pero yo quería verle la carne, quería verle el forro.Me dijo que extrañaba a su ex enamorado, habían estado muy unidos hace poco tiempo, no sabía cómo había llegado ese momento triste de la separación. Ella extrañaba sus abrazos y caricias, hasta a veces sus momentos de enojo, porque él se enfurecía con facilidad. Mi mente era una computadora tomando nota de cada detalle que ella deseaba y cada detalle que le disgustaba.Llegamos a la universidad y nos despedimos, yo tenía una reunión en el Rectorado y ella una clase Derecho Laboral. En la despedida le di un beso con la misma ternura que transmiten sus ojos, y la abracé apretándola sólo un poco hacía mí, lo suficiente para sentir sus senos. Mis manos casi por instinto descendieron algunos centímetros de su cintura hacia sus caderas y con los ojos cerrados pude medir el ancho de las caderas de esa hembra, la imaginé de espaldas, en la pose de perrito, yo sometiéndola. Tremendo culo frente a mí, esa noche tenía que reventarla.Por la noche me dirigí a la fiesta y encontré a dos profesores más, creo que también buscaban su carne fresca, no los culpo, es algo inevitable con la vida en los claustros universitarios. El personal del estudio estaba reunido conversando en grupos según afinidad o áreas de trabajo. Yo no podía resistir más y empecé a preguntar por Elena, sutilmente indicando que tenía un libro que le serviría para uno de sus cursos. Su mejor amiga me dijo que la había llamado al celular y ya estaba en camino. No termino de decírmelo, cuando veo a mi sirena, entrar a la sala. Dios! Llevaba un corssette escotado, una minifalda no muy corta, qué piernas tan deliciosas. Me desplacé para mirarle el rabito, lo tenía firme y grande. Pensé que tal vez otro podría tomar ventaja y ganarse con Elenita esa noche.Ella se acercó a Laura, su mejor amiga, y estábamos los tres conversando, pasamos a una sala interior con poca luminosidad. Llevamos algunos tragos: ron para Laura y vodka para Elenita y para mí. Laura nos contaba de su departamento y los colores que había elegido en el interior, llevé la conversación a los colores de su cama y de su cuarto, hicimos recuerdo de los colores más eróticos. Ya las cosas se iban calentando.Elenita estaba a mi derecha y en lugar de eso preferiría haberla sentado sobre mí, sólo era mi imaginación de tenerla ya para mí. Me había distraído mucho de la conversación que casi de sorpresa vi a Laura ponerse de pie y despedirse pues había recibido una llamada de su casa y pasaría por allí a recoger unos regalos para Carmen.Seguí allí junto a Elenita y ella siempre bromeaba de mi edad, me decía entre bromas que estaba madurito, que me asentaban bien las canas, era todo broma. Maduro si estoy, pero canas no tengo aún. Yo le decía que estaba como nuevo, que habían cosas que me rejuvenecían, ella me dijo para bailar y nos internamos en un merengue interminable, un mix de tres canciones que nos dejaron mostrarnos ambos como bailarines a muerte. Esta mujer se movía fenomenal, se vinieron los bailes más atrevidos, varios de reggaeton dónde nos insinuábamos varias cosas, yo a ella. Ya después de dos canciones volvimos a tomar unos tragos y de nuevo a bailar. Más reggaeton pero ahora volvimos a la sala del fondo, ella no tuvo reparos en ponerse de espaldas a mí para hacer el conocido "perreo". Puse mis manos en sus caderas y percibí el aroma de su cuello. Se pegó a mí y quedamos unidos moviéndonos, ella cerró sus ojos, el movimiento se volvió lento y llevé mi mano izquierda de su cadera a su vientre, por debajo de su corssette llegué a tocar su ombligo y le dije bromas al oído, ella era mía y ya nos íbamos a hacer las cosas ricas que yo quería.La tomé de la mano y le dije para salir a tomar aire, salimos abrí la puerta de mi auto, ella no entró directamente sino que me abrazó y se trepó de mi cuello, yo la cogí de las nalgas y le di el manoseo más rico de todos, le toque las nalgas y la concha que la tenía muy caliente. todo sobre la ropa.Subió al auto, subí yo, y nos dirigimos aun hostal a cuatro cuadras, estacioné en el sótano, ese hostal tiene una escalera que lleva directamente a las habitaciones del primer piso. Allí la tomé de la mano, nos besamos en el sótano y nos tocábamos más. Le dije: "Elenita, mami, te quiero mamacita". Ella me respondió: "Ay Eduardo, ven". Me besó y dirigió su mirada alrededor, le dije: "Por allí están las escaleras". La abracé desde atrás y fuimos caminando juntos. Le iba besando sus mejillas, le di palmadas en su culo. qué yegüita me estaba llevando a la cama. Tan jovencita, tan rica. Elenita, sus veinte años la juventud en todito su cuerpo, su calentura en ese momento. Entramos al cuarto y dejé rápidamente el pago a través de la ventana que suelen usar para que no se vea a quiénes van con otras parejas, infieles y prostitutas. Jeje, había llevado a la tierna Elenita a un hostal de batalla, un verdadero matadero. La abracé y sin más demora le quité el corssette, empecé a besar sus tetas y combinaba esto con besos. la tenía bien sujetada por la cintura. Ella me desabotonaba la camisa mientras yo jugaba con sus nalgas, que ricura de nalgas tan grandes y como se movían, duritas. Ella me besó el pecho y lo que hice fue desabrocharme el pantalón, de li la vuelta y empecé a rozarle el culo con mi pene todavía bajo mi bóxer. Aproveché para quitarme el resto de prendas y le saqué a ella sus tacos y su minifalda. Llevaba la tanguita roja que vi en la tarde, le besé el trasero y las piernas. Sin quitarle el calzón, sólo lo moví a un lado y puse mi pene sobre su vulva. Sin penetrarla aún. LE dije: "Elenita, mi amor, qué rica que estás mi vida". Ella estaba jadeando, la cogí de los hombros, y nos besamos de nuevo, ella me besó el pecho otra vez, pero ahora mis manos sobre sus hombros la llevaron a colocarse en cuclillas, ella no mantuvo el equilibrio así que de rodillas ante mí yo sólo miré sus ojitos, su boca jadeante y acerqué mi pinga s sus labios, ella ya tenía la boca entreabierta y sólo empujé con mi mano sobre su nuca dando paso a una mamada que me llevó al cielo. En la fiesta entre bromas dijo que a su ex enamorado se la había chupado pero que le daba asco tomarla por eso no lo hacía. Mi intención era llenarle la boca de mi semen. Ella chupaba con ternura, no me la mamaba como una puta, yo le ayudaba con mi mano sobre su nuca, le iba tocando los senos. La tenía que poner más cachonda. La puse de espaldas sobre la cama y le lamí su conchita, que fresquita estaba, depilada y rosadita. un manjar que sería mío en cuestión de minutos. La lamí, la chupé, sus gemidos y su quiebre de espalda y cintura me hacían ver que la tenía loquita. Le dije la oído: "Elenita, chúpamela de nuevo, chúpame los huevos, hazme una mamadita mami". Ella se puso en cuclillas, y ahora me lamía los huevos, s ela metía toda a la boca, tenía mucha saliva sobre mi pene y la veía desesperada como una loba. Elenita se había convertido en una chica muy erótica, estaba caliente y con ganas de verga. Le dije: "Potrita, quiero cabalgarte ricurita". Ella se tendió sobre la cama y levantó el culito, que rico, allí me subí sobre ella y puse mi pene en la entradita de su vagina, presioné despacio, me pegué a ella, y la metí. Empezamos a tirar, le besaba la espalda y las mejillas, mi pene estaba duro en la conchita de Elena. Sus nalgas tremendas eran un colchón increíble. Qué poto tan rico. La recogí por la barriguita y la puse en cuatro. Vi la real dimensión de su culo, rocé sus labios vaginales con mis testículos. Y jugueteé con su anito, con mi dedo se lo tocaba, mientras le bombeaba la conchita sentía sus gemidos, su calor, con dedo le iba abriendo el anito, ella me cogía esa mano, pero con el movimiento que le daba no era suficiente y me estaba divirtiendo a mis anchas. Le di varias nalgaditas, y sentí que ya me venía, me pegué a ella y se la dejé caer, gocé cada lechada que le introduje.Sin detenerme, la besé, nos volteamos sobre la cama y ella terminó sobre mí, se dio la vuelta y ensarto mi pene en su vagina, antes que pudiera sentarse, mi pene se salió de su entradita deliciosa y yo ella la acomodó esta vez en la entrada de su anito. Y se sentó suavemente moviendo su tremenda cola en círculos, comiéndose mi pene y yo comiéndole el culito. Me dio unos ricos sentones. Ella realmente pesaba, era pura carne sobre mí, una potranca de primera. Nos excitamos mucho, me la quería clavar en la pose de perrito pero por su anito. La volteé y se lo introduje antes que se le cierre su agujero trasero, lo tenía ajustadito. El morbo me inundaba por sus nalgas tremendas, me tenía con la sangre hirviendo.La tenía a ella en el clímax, yo gozaba, y ella gozaba, para mí era algo rico estar con Elena en esa cama. Ya a punto de venirme, le eché toda la leche en su ano. No saqué mi verga de allí, estaba haciéndole cosquillitas y toqueteos, manoseándola. Le decía: "Mamita, qué rica, todito lo tuyo me gusta".Nos besamos, nos fuimos a bañar juntos, en el jacuzzi la jaboné, le volví a meter a pinga. "Ay, que cargoso", me dijo con su voz dulce. Igual la cogí de las caderas, y la empecé a bombear en el jacuzzi, mirando sus tetas resbalosas con jabón, igual que sus piernas y sus nalgas. Tenía aún más leche para ella, y eso fue lo que le gustó, que le estaba echando ya su tercer polvo de la noche. Mi Elenita, insaciable y yo tan calentón por ella. Le estrujé sus tetitas, le tocaba sus mejillas, sus piernas. Mis testículos se volvían a poner muy hinchados, listos para mojarla de nuevo. Ya la había recorrido toda, me paré y le puse mi pene a la altura de su boca para que me la mame, ella me dio un besito en el pene y me la engulló toda de golpe, su lengua me estimulaba a venirme y sus ojitos me miraban. Ella tendría una imagen de mi totalmente morboso por su cuerpo, por el sexo que con ella tenía. Le dije: "Ya mamí". Ella no pronunció ninguna palabra, sólo hizo un sonidito de placer: "Mmmm". La cogí bien de la cabeza y penetré como si fuera una vagina, sólo tres penetradas más y el semen le llenó la boca, ella abrió la boca y mi pene salió liberado. Eyaculé más aún y en su frente y mejillas, por su mentón chorreaba algo de semen que no había pasado por su garganta.La destrocé, ella me besaba, y yo a ella. Le dije: "Mi vida, quiero estar contigo". Nos besamos. Salimos del jacuzzi y nos vestíamos, le eché talco en su espalda y en sus nalgas, era mi bebita. Le puse su minifalda y me llevé su tanquita, ella se reía y me la quería quitar. Yo le decía: "Esto es mío, princesa". Ella respondía: "Oye, dame mi calzón, mañoso". La besé y eché el calzón en mi bolsillo, diminuta tanga que era mi trofeo de esa primera vez con Elenita.Le alcancé la falda, se la puso sin la ropa interior que ya no me reclamó, y ella sóla se puso el corssette y los tacos.Vestida como al inicio, pero con el cabello húmero, y sin maquillaje, tenía a Elenita luego de la follada que nos aventamos. La cogí de la cintura y salimos de la habitación. Nos fuimos al auto y la conduje a su casa. Allí en la puerta, nos despedimos y le di otro agarre más, y las nalgaditas que me gusta darle a una mujer bien proporcionada como Elena. Sonaban sus cachetes firmes. Qué mujer tan rica. Ya nos dimos el adiós y ella con sonrisa pícara me decía: "Mi calzón, dame mi calzón". Yo le respondía: "No potoncita, es mío, quiero tu olorcito". Ella me hacía muequitas, me decía que era un cochino y mañoso. Cosas nuestras que afloraban por la intimidad que habíamos conocido mutuamente.Cuando se tiene una hembrita así hay que aprovecharla, porque rara vez una jovencita rica cae en las manos de un lobo viejo. La hice trizas y encima me la había ganado. Ambos somos adultos y mantenemos nuestra relación con discreción, puede haber muchos comentarios, pueden pensar que ella busca algo o que yo le hago un chantaje. Mi interés es tener sexo con ella, así salvaje como lo venimos haciendo dos o tres veces por semana. Y la complazco en lo que me pida, nos engreímos a nuestra manera.
sábado 20 de diciembre de 2008
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