Diario personal.
2.000. Octubre 1. (Domingo).
oy comienza una nueva etapa para mí, ya que por fin me animé a comenzar el juego. Por la tarde fui al club y me animé a hacer contacto con la mujer msch que hace poco trabaja ahí. Tratando de pasar desapercibido, me acerqué a ella y le pasé un papel con mi nombre y mi número de teléfono. Ante su sorpresa, le dije que por ahí tenía un trabajo para ella y que si le interesaba que me llamara.
Antes de comer estudié un poco para la escuela y escuché un poco de música. Por ahora el primer paso está dado. Sólo resta esperar que la mujer msch llame.
Octubre 2. (Lunes).
Día sin novedad. A la mañana fui a la escuela y me aburrí bastante. A la tarde vi un par de películas de terror y después me colgué con Internet.
Octubre 3. (Martes).
Día sin novedad. Escuela a la mañana, Internet por la tarde y algo de televisión a la noche.
Octubre 4. (Miércoles).
Por fin hay novedades. Hoy llamó la msch. Hablamos un rato por teléfono y le dije cual era el trabajo que quería que hiciera. Al principio se asombró, pero después pudimos hablar tranquilos y me pidió unos días para pensar la oferta que le hice. Quedamos en que ella me iba a llamar si se decidía a aceptar. Este fue el dialogo telefónico que tuvimos:
-Hola.
-Con Marcelo...
-Sí. ¿Quién habla?
-Hace un tiempo, vos me diste tu número y me dijiste que te llamara, que tenías trabajo para mí.
-Sí, me acuerdo. ¿Cómo te llamás?
-Mónica.
-¿Edad?
-Veintiocho.
-¿Casada?
-Separada.
-¿Hijos?
-Tres.
-¿Chiquitos?
-Entre seis y tres años. ¿Cuál es el trabajo?
-El trabajo es una encamada todo el fin de semana conmigo a cambio de plata.
-¿Conmigo?
-Sí. ¿Te interesa?
-No sé. ¿Puedo pensarlo unos días y después te llamo?
-Sí.
-¿Y cuánto pagarías?
-Trescientos pesos por todo el fin de semana.
-Bueno, cualquier cosa te llamo. Chau.
-Bueno. Chau.
Octubre 5. (Jueves).
Pensé que la msch iba a tomarse unos días, pero hoy a la tarde volvió a llamar. Me dijo que necesitaba verme personalmente ya que tenía un problema. Esta fue la conversación que tuvimos:
-Hola.
-¿Marcelo?
-Sí. ¿Quién habla?
-Mónica, ¿te acordás de mí?
-Sí. Pensaste en lo que hablamos.
-Sí. Pero tengo un problema.
-¿Cuál?
-Me gustaría decírtelo personalmente. ¿Podemos reunirnos en algún lado?
-Sí. Pero en este momento no se me ocurre ningún lugar.
-¿Conocés el barcito que está entre Iribarne y Colón?
-Sí.
-¿Qué te parece encontrarnos ahí en media hora?
-Bueno.
-Entonces te espero ahí. Chau.
-Chau.
Ella estaba sentada en el fondo del bar en el cual me había pedido que nos encontráramos. Tenía puesta una remera, un jean azul y zapatillas. Su pelo negro y ondulado esta vez estaba suelto y le llegaba hasta los hombros. Tuvimos el siguiente dialogo:
-¿Por qué querías verme acá?
-Porque tengo algo importante que decirte y no podía hacerlo por teléfono. Estaba hablando desde un kiosco y se había juntado mucha gente –Hizo una pausa y corrió la silla más adelante, como si quisiera que la charla fuera más intima-. La propuesta que me hiciste me interesa, me interesa de verdad, porque necesito la plata. Pero tengo un problema.
-Te escucho.
-Como te dije cuando hablamos por teléfono, tengo tres chicos y no tengo con quien dejarlos. Así que tendrían que venir conmigo.
-Está bien, podés traerlos.
-¿No te molesta?
-No. ¿Podés este viernes?
-Sí. ¿Dónde nos encontramos?
-¿Dónde vivís?
-En el asentamiento 24. Pero no creo que puedas entrar con el auto.
-¿Y un lugar cerca?
-Hay una plaza como a unas diez cuadras. ¿Sabes cuál es?
-Sí. Entonces te paso a buscar por ahí el viernes a las siete de la tarde. ¿Te parece bien?
-Sí.
Octubre 6. (Viernes).
Por la mañana llamé por el teléfono semipúblico de la escuela a mi casa y le dije a la sirvienta que no fuera hasta el lunes. Cuando salí de la escuela almorcé en la casa de un compañero y después nos quedamos a hacer un trabajo práctico. Cerca de las cinco de la tarde llegué a mi casa, me bañé y me preparé para ir a buscar a la mujer msch y sus hijos.
Cuando llegué a la plaza, Mónica estaba sentada en un banco y parecía nerviosa. Me llamó la atención que llevara puesta la misma ropa del día anterior. Hablamos brevemente:
-Pensé que no ibas a venir –dijo Mónica.
-¿A qué hora llegaste?
-Seis y media.
-¿Por qué tan temprano?
-Tenía miedo de que llegaras antes y no me encontraras.
-Bueno. Vamos entonces.
Mónica acomodó a sus hijos en el asiento de atrás del auto y ella subió adelante con un pequeño bolso que tenía. Cuando llegamos al barrio privado noté cierto nerviosismo en ella. Como si le molestara el lugar en el cual íbamos a pasar el fin de semana.
Una vez en la casa, dejamos a sus hijos frente al televisor y le mostré todos los cuartos de la casa. Después fuimos a la cocina y mientras tomábamos mate me contó algo más de su vida.
A los datos que me había dado antes por teléfono, agregó que hacía un par de días que había terminado con el trabajo en el club y que desde entonces no había conseguido otra cosa. Me contó también que desde que se había separado, hacía ya dos años, vivía en el asentamiento en una carpa con sus tres hijos y que la pasaban bastante mal, ya que había días que tenían muy poco para comer.
Al rato fuimos al living y nos sentamos con los chicos a mirar televisión. En una pausa, Mónica aprovechó para decirme los nombres de los tres y yo también les dije el mío. Mónica se ofreció a preparar la cena, así que me quedé con los chicos mirando televisión.
Después de cenar, salimos a dar un paseo por el amplio parque y les mostré la pileta que disponíamos para aplacar el creciente calor. La noche era cálida, y cuando regresamos a la casa, acostamos a los chicos en la pieza de huéspedes y volvimos a la cocina. Tenía sed, por lo que abrí la heladera y saqué una lata de gaseosa.
Cuando terminé la gaseosa, le propuse ir a nuestro cuarto y ella aceptó sin ninguna resistencia. La tomé de la mano y la guié al lugar al cual desde un primer momento había deseado llevarla. Una vez ahí, apagamos la luz del techo y dejamos prendidos los dos veladores. Mónica cerró la puerta del cuarto con llave y ante mi expresión de asombro me explicó que tenía miedo que alguno de sus hijos se levantara y nos sorprendiera en pleno acto sexual.
Sin prisa, nos ubicamos a cada lado de la cama y comenzamos a desnudarnos.
No se como, pero conseguí desnudarme más rápido que ella, por lo que aproveché para mirar como lo hacía ella. Mónica ya se había sacado el corpiño y pude ver sus hermosas tetas. Eran bastante grandes y los pezones tenían un fuerte color oscuro. Después ella se sentó en la cama y empezó a sacarse las zapatillas. Luego se bajó el pantalón de jean azul, se puso de pie y giró quedando frente a mí sólo con la bombacha puesta. Mónica se bajó la bombacha negra con un movimiento muy natural y trató de acostarse, pero yo se lo impedí haciendo una seña con la mano. Le pedí que diera media vuelta para poder verla de espalda, y cuando lo hizo se me cortó la respiración. Su culo era terriblemente grande y al ver como mi verga se ponía totalmente dura supe que no me había equivocado en la elección.
Ya en la cama, comenzamos a besarnos lentamente, y cuando sentí que Mónica empezaba a hacerme la paja, tuve que hacer un esfuerzo enorme para no acabar. Mientras seguíamos dándonos besos de lengua, me rendí a la tentación y comencé a tocarle ese culo divino que tenía. Recorrí los inmensos cantos sintiendo la textura de esas poderosas moles de carne y luego me dediqué a explorar la profunda zanja que los separaba.
Excitado al máximo, me ubiqué sobre ella y la penetré despacio, sintiendo como el calor de su concha me invadía por completo. Era como meter la mano en agua tibia y sentir que la temperatura está justo tal cual la deseamos. Comencé a cogerla más rápido a medida que sus suspiros se hacían más intensos y un estremecimiento que sacudió su cuerpo, hizo temblar al mío. No podía creer que a los quince años me estaba cogiendo a semejante mujer. Estaba en el mejor de los mundos y lo estaba disfrutando terriblemente. Cuando sentí que el orgasmo se aproximaba, aceleré el ritmo de mis pijasos y disfruté al máximo el poder entrar una y otra vez en esa concha maravillosa.
Cuando la explosión mágica se produjo, cerré los ojos y dejé que esa sensación abrumadora me envolviera por completo y acabé dentro de la concha de Mónica, sintiendo como los espasmos me sacudían por completo. Al retirarme de adentro de ella, pude ver que Mónica me sonreía y luego de mirarnos a los ojos unos segundos, volvimos a besarnos y nos abrazamos muy fuerte.
Al poco tiempo, mí verga se me paró otra vez y volví a ponérsela, preso de un deseo que sólo se calmaría cuando acabara otra vez en la concha de Mónica. Esta vez aceleré las acometidas desde el principio, sintiendo que corríamos una carrera de postas, y que ambos debíamos esforzarnos al máximo por dar lo mejor de nosotros, en esa carrera donde todo estaba permitido y en la cual Mónica debía entregarme la posta que yo tanto había esperado y que tanto ansiaba, y cuando lo hiciera estaría por fin en el paraíso.
Mientras seguíamos besándonos decidí llevar a cabo mi máxima fantasía y le pedí el culo. Mónica no dudó, y para volverme aun más loco de calentura, se puso boca abajo con las piernas abiertas. Contemplé su cuerpo negro y su enorme y maravilloso culo que ella me ofrecía como si fuera una ofrenda y tuve que hacer un esfuerzo para no ponérsela enseguida, ya que primero quería chuparla toda. Comencé por la nuca y fui bajando hasta que llegué a la parada final. Le acaricié y besé los cantos hasta que quedaron totalmente cubiertos de saliva. Después le abrí los cantos y le chupé el ano negro, que parecía derretirse en mi lengua como una ostia. Cuando mi saliva rebalso su ano, aproveché para meterle un dedo y moverlo dentro de ese maravilloso agujero, como si se tratara de un libidinoso ensayo.
Incapaz de soportar el deseo de poseerla por atrás, me acomodé sobre ella, le puse la cabeza de mi verga en su ano, y se la mandé hasta las pelotas. Empecé a cogerla despacio, pero a medida que sus suspiros y jadeos se iban incrementando aumenté el ritmo de mis embestidas notando como Mónica se relajaba y abría su ano cada vez más, para que pudiera penetrarla mejor.
Al fin estaba consiguiendo lo que siempre había deseado. Debido a la calentura mi respiración se había tornado entrecortada y un manto de satisfacción me cubría todo el cuerpo. Por fin estaba en el lugar que quería.
Cuando sentí que el orgasmo se acercaba volví a acelerar el ritmo de mis vergasos, remando una y otra vez hacia una isla llamada orgasmo.
Una enorme bola de fuego subió y bajó varias veces por mi columna, mi cuerpo se tensó y descargué mi leche dentro del ano de Mónica, sintiendo como los espasmos que me producían cada chorro de semen, sacudían mi estómago en la más maravillosa danza que alguien jamás hubiera podido bailar.
Más tarde tuvimos el siguiente dialogo:
-¿La pasaste bien? –preguntó Mónica.
-Sí –dije-. ¿Y vos? –pregunté.
-También –hizo una pausa para acomodarse el pelo-. Marcelo, te gusta mucho el culo.
-¿Te diste cuenta?
-¡Sí! Te volviste loco cuando lo hicimos por el culo.
-Sos la primera mujer a la que le hago la cola.
-¿En serio? Con razón tenías tantas ganas.
-Siempre había soñado con hacerle la cola a una mujer.
-¿Y por qué me elegiste a mí?
-Al principio pensé en una puta, pero después me decidí por una mujer normal.
-Pero a mi también me pagas.
-Pero no es lo mismo. Vos haces esto porque estas pasando una mala racha. No lo haces como un medio habitual para ganarte la vida.
-Puede ser. Pero no le veo mucha diferencia. Lo importante es que vos la pases bien.
-Y vos y tus hijos también.
Octubre 7. (Sábado).
Nos levantamos tarde, cerca de las once de la mañana. Para mi asombro, Mónica insistió en que nos bañáramos juntos. Mientras nos bañábamos jugamos como dos chicos. Nos enjabonamos los dos todo el cuerpo y yo insistí en enjabonarle el culo varias veces. Mónica se dejó hacer.
Después fuimos a despertar a los hijos de Mónica y tomamos el desayuno. Como hacía bastante calor, nos metimos a la pileta. Mónica y sus hijos en ropa interior y yo con una bermuda. El ver a Mónica en ropa interior me provocó una erección casi constante, pero los hijos de Mónica estaban tan ocupados jugando que no lo notaron. Mónica si lo notó y se rió bastante.
Como eran cerca de las dos de la tarde cuando salimos de la pileta y teníamos bastante hambre, pedimos dos pizzas y una botella de coca de dos litros. Los chicos no comieron mucho, pero Mónica lo hizo de una forma feroz y se tomó ella sola casi un litro de coca. Cuando terminamos de comer, acostamos a los chicos y salimos al parque. Nos sentamos en unas reposeras cerca de la pileta y estuvimos un rato sin decir nada. La ropa interior de Mónica ya se había secado, pero su pelo aun estaba húmedo. La pija se me paró otra vez y cuando Mónica me vio, nos pusimos de pie y caminamos hacia la pieza de la mano.
El ver su hermoso cuerpo desnudo me excitó terriblemente, por lo que no se la puse enseguida por miedo a acabar en los primeros bombazos. Me tomé todo el tiempo del mundo para recorrer su cuerpo negro con mis manos y mí lengua, hasta que no pude más y se la metí en la concha.
Lo hicimos cuatro veces, dos por la concha y dos por el culo. Cuando terminamos Mónica se fumó un cigarrillo y después decidimos dormir un rato.
Nos levantamos cerca de las seis de la tarde y después de despertar a los chicos, comimos la merienda, que consistió en masitas con leche chocolatada. Después nos metimos otra vez a la pileta y nos quedamos hasta que oscureció.
Cuando salimos de la pileta, me bañé yo primero y después se bañaron Mónica y sus hijos. Más tarde fuimos en el auto a comprar hamburguesas y un par de gaseosas. Al regresar, comimos mirando televisión y cerca de las diez de la noche acostamos a los chicos.
Mientras nos estábamos sacando la ropa en la pieza, media hora después, le comenté a Mónica una idea que tenía y a ella le gustó, por lo que decidimos llevarla a cabo. Los dos en bolas fuimos hasta la cocina a buscar una linterna que había en una alacena. Una vez que la encontramos fuimos a la pieza en la que dormían los chicos.
Mónica abrió la puerta y después de prender la linterna alumbró las camas en las que dormían los chicos. Los dos nos quedamos mirando como dormían cerca de quince minutos sin decir nada. Al rato me acerqué a Mónica con la verga parada y la afirmé, mientras le tocaba las tetas. Un par de minutos después, Mónica zafó de mi abrazo, me dio la mano y volvimos a la pieza.
La experiencia nos había excitado a los dos, por lo que lo hicimos dos veces. Una vez por la concha y otra por el culo. Cuando terminamos, Mónica me preguntó como se me había ocurrido lo de ver a los chicos dormir y le dije que lo había visto en una película que se llamaba "el mundo según Garp".
Octubre 8. (Domingo).
Nos levantamos a las diez y media y después de bañarnos y desayunar fuimos con los chicos a andar en bicicleta. Como sólo tenía dos bicicletas tuve que llevar a dos de los hijos de Mónica y ella llevó al restante. Recorrimos todo el barrio privado y cuando regresamos los chicos y yo nos metimos a la pileta mientras Mónica pedía la comida por teléfono. Esta vez comimos empanadas. Antes de acostar a los chicos a dormir la siesta les mostré como se navegaba por Internet, y mientras lo hacía Mónica me dijo en el oído que tenía una sorpresa para mí.
Cuando Mónica me dijo la sorpresa que me tenía preparada estuve a punto de acabar. Ella me dijo que como era el último día que íbamos a coger me iba a dar la cola toda la tarde. Diciéndolo de una manera más simple: quería que la cogiera toda la tarde sólo por el culo.
Cuando Mónica estuvo acostada boca abajo le chupé el culo como quince minutos sabiendo que ese maravilloso agujerito que ella tenía entre los cantos, iba a ser mío una vez y otra y otra.
Esa tarde lo hicimos seis veces por el culo y cuando acabé por última vez todavía tenía ganas de seguir metiendosela. Como Mónica se tenía que ir no dormimos y mientras ella se fumaba un cigarrillo, le expliqué el plan que quería llevar a cabo y le pedí ayuda. Tuvimos el siguiente dialogo:
-Así que queres que te consiga una mujer parecida a mí –dijo Mónica.
-Sí. Con las características que te dije, entre veinte y treinta años, casada o separada, con hijos chicos, morocha y culona. ¿Te parece qué podrás conseguir alguien así?
-Creo que si. Voy a averiguar en el asentamiento.
-Me olvidaba. Si encontrás a alguien con esas características decíle que tiene que entregar el redondo. Sino que no venga.
-Bueno, yo pregunto y si encuentro a alguien te llamo. ¿La pasaste bien conmigo?
-Sí. Salió todo mejor de lo que esperaba.
-Me encantó lo bien que te llevaste con los chicos. Están recontentos. No se quieren ir.
- Por ahí pueden volver otra vez.
-Ojalá, yo también la pasé bien. Espero que no te olvidés de mí.
-Eso seguro. No me voy a olvidar nunca de vos, ni de tu culo tampoco.
-Te pego fuerte el culo.
-Mónica vos estas rebuena. Tenes un culo hermoso. Me volví loco cuando te la metí.
- Me di cuenta –dijo Mónica mientras se reía-. Te gusta el culo con locura.
Dos horas después estábamos todos en el living esperando que viniera el remis. Le había dado los trescientos pesos a Mónica y mirábamos como los chicos jugaban en un jueguito de la computadora.
Cuando llegó el remis, Mónica mandó a los chicos al auto con el bolso y nos despedimos dándonos un beso de lengua. Los miré alejarse en el auto mientras los saludaba con la mano y luego entré a mí casa dispuesto a esperar a la próxima mujer msch.
Octubre 9. (Lunes).
Día tranquilo. Lo de siempre en un lunes. Fui a la escuela, a la tarde revisé el correo electrónico y salí a dar vueltas en el auto. Mónica no llamó.
Octubre 10. (Martes).
Chateé como tres horas seguidas y después llamé a la mujer que limpia la casa del barrio privado para que prepare todo, ya que nunca se sabe. Si bien todavía estoy asimilando la experiencia con Mónica, el pensar que puedo repetirla otra vez me pone recaliente. No hubo llamados.
Octubre 11. (Miércoles).
Recibí carta de mí tía en la que me dice que se está por casar. Bien por ella. Espero que tenga suerte esta vez. En la escuela quedé con varios de mis compañeros en jugar al fútbol. Les dije que podía cualquier día menos el fin de semana. Mónica por fin llamó. Esto fue lo que hablamos:
-Hola.
-¿Marcelo?
-Sí. ¿Quién habla?
-Mónica.
-¡Mónica! Pensé que ya no ibas a llamar.
-Te estuve llamando toda la tarde y me daba ocupado. ¿Qué pasó?
-Lo que pasa es que estaba usando internet. ¿Tenés alguna novedad para mí?
-Sí. Tuviste suerte. Te conseguí algo, espero que te guste. Te voy a decir que no fue fácil.
-¿Por qué?
-Antes de la que aceptó, hablé con dos y no quisieron saber nada. Pensé que no iba a poder conseguirte nada pero al final tuve suerte.
-¿Cómo es?
-Es negrita, culona y tiene hijos chiquitos, como vos querías.
-¿Cómo se llama?
-Sandra.
-¿Qué edad tiene?
-Veintisiete años.
-¿Cuántos hijos tiene?
-Tiene tres. ¿Querés saber por qué agarró viaje?
-Sí.
-Como te conté antes, yo había hablado con dos minas que no quisieron saber nada, así que hoy me quedé en la carpa lavando ropa y no salí. Como a las dos de la tarde aparecieron una vieja conocida y su marido trayendo una mujer que se veía que no quería estar con ellos en ese momento. La mujer me dijo que se había enterado lo que yo le había propuesto a las dos mujeres, y que tenía una candidata para mí. Me presentaron a la mujer que estaba con ellos, yo le hice unas preguntas y cuando le pregunté si agarraba viaje dijo que sí. Quedé en verme después con la mujer y después se fueron.
-¿Por qué decís que la mujer estaba incomoda? ¿Te parece que la obligaron a aceptar?
-Y...más o menos. Por lo que me contó la conocida mía, la mina está viviendo con ellos hace un mes. Por lo que sé, el marido la dejó en la calle con los tres hijos y sin un mango, y como el marido es hermano de mí amiga, esta tuvo que aceptarla en la carpa. El problema aparte del amontonamiento, es que mí amiga y el marido no pueden coger con tanta gente en la carpa, así que el vago está que vuela. Por eso quieren que se gane los trescientos, así se compra una carpa y les tira algo a ellos.
-¿Dónde la encuentro?
-En la placita en donde me pasaste a buscar a mí. ¿Te parece bien el viernes a la misma hora?
-Sí. ¿Le preguntaste del asunto que me interesa a mí?
-¿El asunto del redondo?
-Sí.
-Le pregunté y me dijo que sí, así que no te hagas problema.
-Bueno, perfecto.
-Espero que tengas suerte. Un beso.
-Otro para vos. Chau.
-Chau.
Octubre 12. (Jueves).
A la mañana fui a la escuela. Estaba nervioso y me la pasé pensando en el fin de semana que me espera. A la tarde fui a jugar al fútbol con mis compañeros y pude desenchufarme por un par de horas. Cuando llegué a mí casa, me di un baño y revisé el correo electrónico. No veo la hora de que llegue el viernes.
Octubre 13. (Viernes).
En la escuela no estuve muy atento. El solo pensar que voy a pasar el fin de semana con otra msch me lleva a unas alturas increíbles. No veo la hora de conocer su historia. A la tarde llevé a lavar el auto y le compré un regalito para la msch, algo así como una marca en la culata del revolver. Tengo que acordarme de regalarle algo a Mónica, ya que se portó muy bien.
Cuando estuve en la plaza, reconocí a Sandra fácilmente, ya que prácticamente era un clon de Mónica. Estaba sentada en el mismo banco y me pareció que volvía a repetir la misma situación del fin de semana anterior.
La saludé con un beso en la mejilla y luego que ella juntó a sus hijos, nos dirigimos hacia el auto. Durante el viaje no hablamos mucho y cuando llegamos al barrio privado, noté que Sandra estaba bastante sorprendida. Supuse que sería un gran shock para ella encontrarse con casas que quizás sólo habría visto por televisión, después de estar viviendo el último tiempo en una carpa con sus hijos y compartiéndola con la familia de su cuñada. Al llegar les mostré toda la casa y después dejamos a los hijos de Sandra mirando televisión y nos mandamos a la cocina. Mientras tomábamos mate tuvimos la siguiente conversación.
-¿Habías hecho esto antes? –pregunté para iniciar la conversación.
-¿Encamarme con alguien por plata, decís?
-Sí.
-No.
-¿Y por qué aceptaste? –pregunté tratando de humillarla aun más. Sabía que tendría su ano todo el fin de semana, pero quería llevar mi fantasía a un límite cada vez más extremo.
-Principalmente por la guita. Esos trescientos me van a venir bien. No se si Mónica te habrá dicho cual es mi situación.
-Algo me dijo, pero contáme igual, si queres –dije como al pasar, tratando de disimular una creciente erección, ya que los problemas de Sandra y la miseria en la que vivía a mi me excitaba terriblemente.
-Lo que pasó fue que mi marido se calentó con una pendeja y me echó a la calle con mis hijos. Hace dos años que estamos viviendo en Capital y no conozco a nadie, salvo la hermana de él. Así que me fui a verla y terminé quedándome en la carpa. Yo pensé que en unos días mi marido iba a venir a buscarme cuando se le pasara la calentura, pero todavía lo estoy esperando. La cuestión que me tuve que quedar y el asunto se complicó, ya que mi cuñada y el marido no pueden coger con mis hijos y yo durmiendo en la carpa. Hace unos días el tipo tiró la bronca y mi cuñada habló conmigo y casi me cagó a palo. Así que cuando se enteró que Mónica andaba buscando a alguien parecida a mí, casi me llevó de los pelos.
-¿Dónde vivías antes?
-En el Chaco. Yo soy de allá.
-¿Qué vas a hacer con la plata?
-Tengo que darle cien a mi cuñada y con el resto tengo que comprarme una carpa para poder vivir con mis hijos.
-Te va a quedar muy poquito para vos.
-Sí, por lo menos para comer unos días.
Cuando terminamos de tomar mate, fuimos al living para ver que estaban haciendo los chicos y me sorprendí al encontrarlos quietos y muy concentrados en la televisión. Sandra me dijo que era porque hacía mucho tiempo que no veían, ya que en el asentamiento no tenían luz eléctrica ni agua corriente.
Para cenar pedimos parrillada y un par de gaseosas por teléfono. Mientras comíamos noté que Sandra y sus hijos eran peores que Mónica en cuanto al hambre atrasada y me pregunté cuánto haría que no comían bien. Al rato llevamos lo que quedaba de coca cola al living y nos pusimos a mirar televisión.
Sandra se sorprendió cuando le dije que el velador que estaba en la pieza en la cual dormían los chicos se apagaba solo a los diez minutos. Le dije que lo había comprado especialmente por si alguno de los chicos que iban a venir tardaban en dormirse o si tenían miedo de dormir con la luz apagada.
Cuando cerramos la puerta del dormitorio de los chicos y comenzamos a caminar hacia el nuestro, no pude evitar que se me parara la pija. El solo hecho de pensar que iba a coger con Sandra por el culo me volvía loco y cuando entramos a la pieza no se como hice, pero me desnudé antes que ella.
Sandra se estaba sacando el pantalón y cuando se sacó la remera quedó ante mí sólo en ropa interior. Al ver como la miraba, se sacó el corpiño en forma muy lenta y después se bajó los calzones y cuando estuvieron en el suelo los pateó a un costado.
Ya en la cama comenzamos a besarnos y nuestras lenguas se encontraron por primera vez. Dejé que mis manos recorrieran su enorme cola mientras ella me pajeaba haciendo que mi desesperación por metersela se acrecentara aun más.
Cuando se la puse traté de mantener un ritmo lento para gozarla el mayor tiempo posible, pero la concha de Sandra era hermosa y la desesperación de cogerla con todo me invadió por completo y le empecé a dar masita.
Con la cola, esta vez fue distinto. Cuando Sandra se puso boca abajo con las piernas abiertas ofreciéndome su enorme culo, sentí que ya no era un disparo a ciegas (como con Mónica), sino que esta vez sabía adonde tenía que dirigirlo. El ano de Sandra era el blanco, y no iba a fallar por nada del mundo. La vez anterior, no sabía si Mónica iba a aceptar tener sexo anal, pero ahora la situación era distinta, ya que Sandra me había confirmado antes de venir que me iba a entregar el redondo. Por este motivo yo me sentía ahora más seguro. Como más preparado para disfrutar de ese maravilloso regalo que era el ano de Sandra.
Ya dentro de ella, me acosté sobre su espalda y noté como su respiración entrecortada era reemplazada en ocasiones por gemidos y en otras por gruñidos, cuando le entraba demasiado fuerte. Su cuerpo transpiraba bastante y a medida que me hundía en ella parecía haber entre nosotros una mayor complementación y un excitante intercambio de fluidos corporales.
Cuando acabé, sentí que entraba en una especie de túnel, y al final del mismo había otro, y el momento que había vivido se repetía otra vez, y otra y otra...
Más tarde, mientras fumábamos, comenzamos a hablar mientras mirábamos una película en el televisor que estaba enfrente de la cama. No recuerdo bien lo que dije yo, pero recuerdo en parte lo que dijo Sandra, por eso lo escribo de esta manera.
-................
-La pasé bien. Mejor de lo que creía. La verdad que estaba un poco asustada, ya que es la primera vez que hago esto. ¿Pero creo que estuve bastante bien, no?
-.................
-Yo pensé que me iba a costar un poco más, ya que hacía bastante que no lo hacía por atrás, pero una vez que la tuve adentro, me relajé y dejé que me metieras la pija en el culo.
-.................
-¡Qué es verdad! Te gusta el culo más que respirar. Hacía tiempo que no me hacían la cola con tantas ganas. Me di cuenta cuando me la metiste y me empezaste a dar. Te volviste loco.
-................
-Seguramente mi marido no piensa lo mismo. Aunque te digo que cuando recién nos habíamos casado me lo pedía todos los días.
-.................
-No sé. Capaz que se aburrió de meterla siempre en el mismo agujero. Esperó que a vos no te pase lo mismo.
-..................
-Claro. Que te va a pasar si tenés uno distinto todas las semanas. Me gustaría ver que hacés si tenés que hacerlo con la misma siempre.
-..................
-¿De verdad?. Seguro que lo decís para hacerme sentir bien. ¿De verdad me lo pedirías todos los días?. Yo te lo daría con gusto.
-...............
-Me encantaría pasar todo ese tiempo con vos. Seguro que a los chicos también. ¿Qué hay que hacer para salir favorecida?
-.................
-Así que vas a elegir la que más te guste. Está bien, no vas a andar haciendo un sorteo. Pero me parece que por lo que pasó hoy, más que la que te guste, vas a elegir el culo que más te guste. ¿Es así?
-..................
Octubre 14. (Sábado).
Cerca de las diez de la mañana nos levantamos y nos fuimos a bañar. Sandra no quería salir del baño, ya que me confesó que desde que estaba en el asentamiento sólo se podía bañar parada dentro de un fuentón.
Cuando le dije que quería llevarla a ella y a sus hijos al shopping, salió rápido del baño, se vistió y fue a despertar a sus hijos.
Una vez en el shopping, compramos ropa para Sandra y sus hijos, y recorrimos todo. Pasadas las doce aprovechamos para comer, y después volvimos al barrio privado.
Como a las dos de la tarde, y después que acostamos los chicos a dormir nos mandamos a la pieza.
Sandra volvió a insistir en cerrar la puerta con llave y mientras me dio la espalda pude disfrutar de la visión de su enorme culo. Después volvió sonriendo y se acostó.
Más tarde y cuando me preparaba para ponérsela por segunda vez, la miré otra vez con la verga reparada.
Ahora estaba boca abajo, con las piernas abiertas y la cara ligeramente inclinada hacia el lado derecho. Una de las cosas que más me gustaba hacer con las mujeres era abrirles los cantos y ver como abren y fruncen el ano. Eso me excitaba terriblemente y se lo había pedido tanto a Mónica como a Sandra.
En realidad lo que más me calentaba era el saber que cuando entraban a la pieza conmigo, estaban dispuestas a entregarme el redondo, y el saber también que nada iba a impedir que se los hiciera. Era una sensación maravillosa.
La cosa fue que le mandamos pito toda la tarde. Dormimos la siesta y cuando nos levantamos fuimos derecho a bañarnos. Sandra se había comprado una malla en el shopping, así que después que despertamos a los chicos y tomamos una merienda rápida, nos metimos a la pileta. Disfrutamos bastante del agua, ya que hacía calor, pero también la pasamos bien jugando bastante con los chicos. Esto pareció preocuparle bastante a Sandra, ya que después que salimos de la pileta estuvo bastante pensativa.
A la noche Sandra les dio de comer a sus hijos temprano, los acostó y después comimos los dos solos. Cuando terminamos fui a buscar el regalo que tenía preparado para Sandra y se lo di. Ella se asombró primero y después se emocionó. Las lágrimas le corrieron por las mejillas y ella se las secó con el dorso de la mano, intentando sonreír. Luego me tendió la cadenita de oro que yo le había comprado y me dijo que se la pusiera. Cuando la tuvo en el cuello, se la acomodó con la mano izquierda y después me abrazó. Me dijo que había llorado porque era la primera vez en mucho tiempo que alguien le regalaba algo.
Esa noche cogimos dos veces. Sandra estaba muy contenta con el regalo que yo le había hecho, así que cuando le pedí que se pusiera boca abajo, se dio vuelta rápidamente y se acomodó dispuesta a entregarme el redondo, yo agradecido.
Más tarde pasamos por la cocina, sacamos una botella de champán de la heladera y medio kilo de helado de limón, dos copas y una cuchara y nos fuimos a la pileta. Una vez ahí tomamos champán con helado y disfrutamos de la hermosa noche. Cuando le pregunté a Sandra en que se había quedado pensando cuando salimos de la pileta, ella lloró otro poquito y me dijo que era porque yo la había hecho sentir mujer otra vez. Que el hecho de que yo le tuviera ganas en la cama la había hecho sentir bien, y que también cuando los dos habíamos jugado con los chicos en la pileta se había sentido media triste, ya que los chicos ya no tenían un padre que los hiciera jugar, y que ella se daba cuenta que ellos lo necesitaban mucho.
Después volvió a abrazarme y me dijo que al otro día tenía una sorpresa preparada para mi, y que seguramente me iba a gustar mucho.
Yo sonreí pensando en lo bien que había hecho los deberes Mónica.
Octubre 15. (Domingo).
La sorpresa consistió en lo que yo esperaba. Sandra me dijo que quería entregarme el redondo toda la tarde, por lo que cogimos como locos por el culo hasta que no dimos más. Le eché seis polvos en el culo, y después de fumar un cigarrillo, hablamos un poco.
Sandra me preguntó si estaba conforme con su actuación y le dije que si. Si bien afuera hacía calor, nosotros estábamos bien ya que teníamos el aire acondicionado prendido. Habíamos pateado la sábana a los pies de la cama, y seguíamos fumando. Pero ahora era distinto, ya que Sandra había puesto el cenicero sobre su estómago.
Le pregunté si conocía a alguien parecida a ella y con las características que me interesaban y me dijo que no, que hacía muy poco que estaba en el asentamiento. En un primer momento pensé en decirle que le pidiera a la cuñada que la ayudara, pero después desistí de la idea, ya que al hacerlo, seguramente iba a complicarle la vida. En lugar de eso, le dije que si veía a Mónica le dijera que me llamara.
Cuando llegó el remis, y mientras los chicos corrían hacia la puerta, le di el sobre con los trescientos pesos a Sandra y después caminamos de la mano hacia la salida. En la puerta nos dimos un beso de lengua, y una vez que entraron al auto los saludé con la mano mientras ellos hacían lo mismo, y se volvían cada vez más pequeños, a medida que el auto se alejaba.
Habíamos comenzado la mañana bañándonos juntos por última vez. Después habíamos despertado a los chicos, y mientras Sandra preparaba el desayuno, yo había jugado un rato con ellos en la computadora.
Cuando habíamos ido al shopping, Sandra se había comprado una malla, cuya parte de abajo era una tanga, y andaba todo el día con eso puesto en la casa, no sólo cuando nos metíamos a la pileta. Era impresionante verla caminar con una tirita de tela rosa metida entre los cantos, mientras esas enormes nalgas negras se movían para mi placer. Así que yo me pasaba la mayor parte del tiempo con la verga parada.
Por la tarde, cuando la tuve desnuda en la cama, y como a mi me gustaba que se pusiera(boca abajo, y con las piernas abiertas), le chupé el culo con desesperación, y sin dejar de mandarle dedo. Le mamé el ano hasta que se desbordó de mi saliva, y después se la puse...
Sandra había estado muy bien, pero había fallado en conseguirme un clon de ella. Por ese motivo una vez más iba a tener que recurrir a Mónica.
Octubre 16. (Lunes).
A la mañana fui a la escuela y trate de concentrarme en lo que nos están enseñando. A la tarde llamé a una vecina de Mónica, y luego ella me llamó de un teléfono público. Quedamos en vernos en mi casa. Cuando vino le expliqué lo que pasaba y lo que quería que hiciera. Mientras tomábamos mate, le di la cadenita igual a la que le había dado a Sandra y ella se puso muy contenta. Le dije también que si lograba conseguirme a alguien esta vez le iba a dar cien pesos. Ella protestó y dijo que la iba a buscar gratis, pero yo insistí y al final la terminé convenciendo para que aceptara la plata. Prometió llamarme si encontraba algo antes de irse.
Octubre 17. (Martes).
Le tengo fe a Mónica. Durante toda la mañana estuve pensando en como será la siguiente msch. De última puedo decirle a Mónica si puede quedarse el fin de semana. Prefiero su culo a nada.
Octubre 18. (Miércoles).
Mónica me llamó y dijo que ya tenía a alguien. Que el asunto del redondo estaba arreglado y que ella me iba a esperar el viernes en la plaza junto con la msch.
Octubre 19. (Jueves).
Supongo que esta felicidad puede durar para siempre. Con la del viernes ya van a ser tres las mujeres con las cuales habré tenido sexo anal. Este fin de semana le voy a mandar pito a lo milico asustado.
Octubre 20. (Viernes).
Por fin llegó el día tan esperado. Cerca de las siete de la tarde llegué a la placita y después de darle los cien pesos a Mónica, cargué a la msch y a sus hijos en el auto y enfilamos para el barrio privado. Cuando llegamos les mostré la casa a los tres y después dejamos a los chicos mirando televisión y nos fuimos a la cocina a tomar mate. Adriana, (así se llamaba la msch), me contó que su marido hacía dos años que estaba preso y que lo visitaba una vez por mes. Me dijo también que tenía veinticinco años, que hacía siete años que estaba casada y que desde que su marido estaba preso se las rebuscaba haciendo pequeños trabajos domésticos.
Más tarde pedimos la comida y después de tomar un café, acostamos a los chicos a dormir. Ya en la pieza, y cuando Adriana se desnudó pude comprobar que era más linda que las dos anteriores. Tenía la típica belleza de las mujeres msch, y su culo, enorme, negro y con un poco de celulitis era simplemente maravilloso. Pensé que dentro de poco Adriana iba a estar boca abajo y con las piernas abiertas y me estremecí de deseo.
Cuando terminamos de coger hice lo siguiente: como no tenía ganas de hablar le pedí a Adriana que me relatara en detalle lo que había sentido mientras cogíamos y gravé su largo monólogo con un pequeño grabador. Adriana habló alrededor de una hora, por lo que sólo desgravé una síntesis de todo lo que ella había dicho.
"Cuando Mónica me habló me puse nerviosa. Nunca me había encamado con nadie por plata. Cogí bastante hasta que me casé, pero nunca cobré... Apenas vi la casa me quería morir, pensé que me habían hecho una cama y que unos tipos estaban esperándome en la casa, y yo como una boluda había traído a los chicos... Me tranquilicé un poco cuando me mostraste la casa y vi que estaba todo tranqui. Pero todavía me quedaba la duda de cómo iba a ser cuando cogiéramos... Mónica algo me había dicho, pero yo tenía miedo de que quisieras pegarme o alguna cosa de esas.
Cuando entramos en la pieza tenía la panza como piedra, y casi me arrepentí. Te digo que no me fui de pedo. Cuando nos pusimos en bolas estaba media cagada, pero apenas comenzamos a coger se me pasó un poco... Para que te voy a mentir, hacía como tres meses que no cogía. No tengo un mango para ir a ver a mi marido y aparte primero tienen que comer los chicos... Así que cuando me empezaste a dar me calenté enseguida y me dejé coger.
Con el redondo fue distinto, porque con mi marido, cuando nos vemos una vez por mes en el penal le mandamos concha. Así que al redondo lo teníamos medio olvidado. Desde que él cayó en cana mas o menos... Yo me había dado cuenta que vos lo único que querías era coger, así que cuando me lo pediste, me puse boca abajo, abrí las piernas, abrí bien el culo y dejé que me metieras la pija.
Me gustó, para que te voy a mentir. La pasamos los dos bien y listo... Cuando me la estabas metiendo por atrás me acorde de una cosa que decía una amiga mía. Se llamaba Paula y decía que nosotras lo único que tenemos que hacer es ponernos boca abajo en la cama, abrir bien las piernas, relajar el redondo y gozar como locas mientras nos meten la pija en el culo. Y más o menos yo hice eso. Te entregué el redondo y la pasé bien... Me di cuenta cuando lo hicimos otra vez que te gusta mucho el culo. Pero no sos el único. A todos los hombres les gusta.
Me alegra que la hayas pasado bien. Te tengo una sorpresa preparada para el domingo que te va a gustar mucho."
Octubre 21. (Sábado).
Hicimos lo acostumbrado. Baño, bicicleta con los chicos, comida, encamada a la tarde. Después pileta hasta la hora de la cena, y por último cama otra vez. Hoy a la tarde, cuando nos levantamos de la siesta y los chicos de Adriana todavía estaban durmiendo ella me preguntó que cosas hacía yo con la computadora. Le mostré algo de internet, el correo electrónico, y también le dije que escribía un diario íntimo. Esto último pareció interesarle mucho, ya que me pidió si podía mostrarle algunas partes. No muy convencido le mostré parte de lo que había escrito de mi encuentro con Mónica y también con el de Sandra. Ella quedó muy asombrada y me preguntó si también iba a escribir sobre ella. Le dije que si, pero que si no quería no iba a hacerlo. Hizo un gesto con la mano restándole importancia y dándome a entender que no le molestaba que escribiera sobre ella.
Octubre 22. (Domingo).
La sorpresa de Adriana era la que yo esperaba. Una vez más tengo que reconocer que Mónica es genial. En consecuencia le mandamos cola toda la tarde. Después nos fumamos un faso y dormimos la siesta.
Cuando nos levantamos le di el sobre con la guita, y después fuimos a despertar a los chicos. Mientras llegaba el remis jugamos todos en la computadora con un jueguito.
Mientras el remis se alejaba, levanté la mano y la agité varias veces moviéndola de izquierda a derecha. El consabido gesto de despedida.
Habitualmente hubiera terminado el diario más arriba, pero quiero anotar algo que me pasó y que me parece interesante. Y que seguramente agregará unas páginas más a este incipiente diario íntimo.
Unas dos horas después de que Adriana y sus hijos se fueron, decidí vaciar el tacho de basura de la cocina, pues ya estaba totalmente lleno. Al tirar el contenido del tarro dentro de otro más grande, noté un bollo de hojas amarillas que me llamaron la atención, pues yo tenía un block con hojas de ese color. Las saqué de la pila de basura y cuando las abrí me encontré con la letra despareja de Adriana. Para mí sorpresa, Adriana había imitado la estructura de mi diario intimo relatando los hechos que habían ocurrido el fin de semana desde su perspectiva. Decidí que era un material muy valioso para tirarlo y lo transcribí tal cual ella lo había escrito.
Viernes 20 de octubre.
Llegamos a la casa como a las siete y media. Mónica me había dicho que el pendejo lo único que quería era coger. Pero igual estava nerviosa. Después que el pendejo me mostró la casa, dejamos a los chicos mirando tele y fuimos a la cocina a charlar y tomar mate. Después de co
Después de comer, acostamos a los chicos y fuimos al comedor a mirar televisión un rato. Nos sentamos en un sillón. El pendejo me mira con ganas. Se debe morir por cogerme. No me voy a cagar ahora. Si Monica se encamó con el yo también puedo.
Fue todo como me dijo Mónica. El pendejo se enloqueció cuando me vio en bolas. Primero le metí un par de chupones a fondo y después le hice un rato la paja. Tube que soltarlo porque casi lo hago acabar. Después le mandamos concha. Estubo bien. Después lo chuponie otra vez y me di cuenta que me iba a pedir la cola. Para calentarlo más me di vuelta enseguida y abrí las piernas. El pendejo hizo algo que no esperaba. Me chupó el culo. Se ve que le gusta. Después me la puso y me dio vonva a lo loco. Yo pensé que después de eso se iba a ir al mazo, pero repetimos concha y culo otra vez. Cuando terminamos nos fumamos un faso. El pendejo estaba recontento. Yo tambien. Por lo menos pude acabar dos veces. Esta plata me la gano facil.
Savado 21 de octubre.
Nos levantamos tarde y desayunamos. Después despertamos a los chicos. Andubimos en bicicleta por todo el barrio. Los chicos estan contentos. Por primera vez en vario diaz no tengo que preocuparme por la comida. La eladera esta llena. Tambien hay plata para comprar. Que lindo seria vivir asi. A la tarde nos encamamos. Lo que antes me causaba gracia ahora me gusta. Al pendejo lo caliento de verdad y cuando me ve en bolas se vuelve loco. Me chupa toda. Me acaricia y me coje como ace tiempo no acian. Me gusta que me tenga ganas. Me ace sentir mujer otra vez. Por lo menos le gusto a alguien. Cuando nos levantamos estuvimos en la pileta hasta la noche. El pendejo jugo con los chicos como si fueran de el. El agua estava linda. A la noche cojimos otra ves y después nos metimos en volas en la pileta. Tomamos champan con elado de limon y después el pendejo me regalo una cadenita de oro. Que lindo que te tratenasi. Estava tan contenta que ai nomas le ice un pete.
Domingo 22 de octubre.
Anduvimos en bicicleta toda la mañana.A las doce pedimos la comida por telefono. Comi como una chancha. Mejor que me baya con la pansa yena. A la siesta le di la sorpresa que Monica me abia dicho que iciera. El pendejo me echo 4 polvos en el culo. Le encanto la sorpresa. Le gusta el culo mas que respirar. Después de coger ablamos un ratito y me conto los planes que tiene. Me gustaria pasar un mes en esta casa sin hacer nada. Cojiendo todo el dia y comiendo como una chancha. A los chicos les gustaria mucho. Y a mi me vendrían muy vien las 3 lucas. Pero ay otras mujeres para elegir. Y tambien esta monica. Antes de que se despertaran los chicos el pendejo me dio la plata. La guarde enseguida y fuimos a despertar a los chicos. Que lastima que esto se termine. De buelta al asentamiento. Puta madre. Ay que esperar que venga el remis.
Octubre 23. (Lunes).
No necesité llamar a Mónica para conseguir la siguiente mujer MSCH. A la tarde me llamó Adriana y me ofreció una amiga que estaba dispuesta a pasar un fin de semana conmigo. Le hice algunas preguntas, y después de juzgar que prácticamente había pasado la prueba, hice la última pregunta.
Adriana se rió mucho, y cuando se recuperó, me dijo:
-Si. No tiene problema en entregar el redondo –se rió un rato más y agregó-. Te gusta más que respirar, hijo de puta.
Quedamos que Adriana me iba a esperar con su amiga el viernes en la placita. La que venía era la última, la que iba a cerrar el ciclo. Después tendría que evaluar y elegir una ganadora. Todo había salido perfecto hasta ahora, ¿así que por qué tendría que cambiar?
Octubre 24. (Martes).
Hace un par de días comencé a leer "Tiempo de abrazar", de Juan Carlos Onetti. Veremos si me gusta. Después de todo, no todo en la vida es sexo. Pienso que tengo que hacer por lo menos otra cosa además de coger.
Octubre 25. (Miércoles).
La escuela se me hace por momentos insoportable. Eso de usar el uniforme todos los días, y tener que bancarme todo ese orden patético impuesto a la fuerza, por que no decirlo, me aburre un poco. Hoy recibí una postal de mi tía desde España. Espero que la esté pasando bien. Acá la cosa se está poniendo brava.
Octubre 26. (Jueves).
A la tarde revisé el correo electrónico y envié un par de e-mails. Después navegué un par de horas por internet y cerca de las ocho me di un baño. Estuve a punto de hacerme una paja, pero a último momento desistí y decidí guardar fuerzas para el fin de semana.
Octubre 27. (Viernes).
Nombre: Susana Romera.
Edad: 28 años.
Ocupación: Ama de casa.
Hijos: Tres.
Estado civil: Viuda.
Dirección: Villa las Ranas.
Esta fue una pequeña ficha que pude hacerme de Susana, la mujer que me presentó Adriana, después que terminamos de tomar mate.
-¿Qué pasó con tu marido?
-Lo mató la cana –dijo Susana-. Fue en un golpe que salió mal. Él murió y mi hermano cayó preso.
-¿Y cuánto hace de esto?
-Dos años.
Después me contó que había conocido a Adriana yendo a visitar a su hermano, ya que el marido de ella también estaba preso.
Más tarde, cuando estábamos sentados en el living la miré con detenimiento y me hice esta imagen de ella.
Pelo negro hasta los hombros, peinado con raya al medio. Morocha, y con las características físicas que a mi me gustaban. Tenía puesta una remerita gris que le dejaba al descubierto el ombligo, un pantalón de gimnasia también gris y zapatillas.
Como los chicos miraban televisión, nos pusimos a hablar y Susana me contó que la había impresionado la casa, pues ella vivía en una casilla de madera con dos habitaciones. Una la usaba de cocina y comedor y la otra de dormitorio en donde dormía ella con sus hijos.
-¿Cómo haces si queres llevar a alguien a tu casa?
-No puedo. Tiene que ser afuera de mi casa.
Como a las nueve de la noche pedimos la comida por teléfono y más tarde, después de acostar a los chicos, nos fuimos al parque a tomar una cerveza.
Octubre 28. (Sábado).
A la mañana recorrimos todo el parque en bicicleta. Yo llevando a dos de los hijos de Susana y la misma Susana a otro. Después de comer nos metimos a la pileta un rato y después nos fuimos a dormir la siesta. Cuando nos levantamos nos metimos otra vez con los chicos.
A la madrugada, nos metimos desnudos a la pileta. Mientras tomábamos champán con helado de limón, le di a Susana la cadenita de oro. Ella se alegró mucho.
Octubre 29. (Domingo).
Dormimos bastante y nos levantamos tarde. Después de comer, les mostré a Susana y sus hijos como se manejaba la computadora. Después de la siesta volvimos a meternos a la pileta. Para que Susana no tuviera que dar explicaciones le di la plata apenas nos levantamos.
Cuando llegó el remis, nos despedimos con un beso de lengua y luego salí a saludarlos mientras se iban.
Más tarde, mientras miraba televisión acostado en el sillón, los recuerdos del fin de semana cayeron sobre mi como un batazo en la cabeza.
Lo primero que me había sorprendido de Susana mientras nos estábamos desnudando fue que tenía puesta una tanguita negra. Le quedaba muy bien y se lo dije. La primera noche cogimos bien. Susana estaba medio nerviosa al principio, pero después se soltó y la pasamos bien. Lo hicimos cuatro veces. Dos por la concha y dos por el culo.
Disfruté como loco del culo negro de Susana y acabé dos veces de manera casi interminable en su interior.
Más tarde, cuando sólo habíamos dejado un velador prendido y estábamos dándonos besos mientras nos acariciábamos suavemente, Susana me confesó que no cogía desde que habían matado a su marido.
El sábado hicimos la clásica. Cuatro en la siesta, y dos a la noche. A la siesta le mandamos dos y dos. Y a la noche uno y uno. Disfruté mucho de su ano, y a la madrugada, mientras caminábamos hacia la pileta desnudos y de la mano, ella me confesó que le había gustado mucho como la había cogido por el culo y que al otro día tenía una sorpresa para mi. Cuando le di la cadenita me pasó los brazos alrededor del cuello y me dio un beso larguísimo.
El domingo a la tarde lo hicimos seis veces por el redondo, que era la sorpresa que me tenía preparada Susana (adoctrinada seguramente por Adriana) y le di hasta gastarle el agujero.
Noté que Susana no tenía ganas de irse, ya que seguramente no tenía muchos deseos de volver a la villa. Pero yo no podía hacer más de lo que hacía.
Noviembre 15. (Sábado).
Mucho a pasado desde que el 1 de octubre me atreví a comenzar el juego que ha cambiado mi vida. El juego consistía en tomar una mujer con las características MSCH, Mujeres Separadas, Culonas y con Hijos y pasar un fin de semana con ella teniendo sexo a cambio de dinero. Pude hacerlo con cuatro mujeres, a las cuales les pagué 300 dólares a cambio de disponer de sus cuerpos. Con las cuatro pude realizar mi mayor fantasía que era tener sexo anal con ellas. De las cuatro una tenía que resultar ganadora del juego, ya que así lo había decidido desde antes.
La ganadora fue Mónica. Si bien fue la primera, ella me ayudó consiguiéndome dos mujeres. Además por ser la primera, fue ella la mujer con la que tuve mi primera relación anal, y es algo que para un chico de quince años es difícil de olvidar.
Al ser ella la ganadora, la consulte sobre si quería seguir en el juego y dijo que si. La segunda parte consiste en que ella y sus hijos pasen un mes conmigo a cambio de tres mil dólares.
Hace quince días que estamos viviendo juntos y hasta ahora va todo bien. De lunes a jueves cogemos dos veces por día, y los fines de semana nos matamos. Le damos al culo como locos.
Cuando termine con Mónica estoy pensando en una segunda tanda del concurso, sólo que esta vez pienso incluir el doble de mujeres. Voy a mantener las mismas consignas de la vez anterior y la regla de oro va a seguir existiendo. Para venir tienen que aceptar tener sexo anal, de lo contrario quedan descartadas.
La repentina irrupción de Mónica en mi vida, me abrió las puertas de un mundo antes desconocido para mi: Las puertas del sexo anal con una mujer, y lo maravilloso que eso puede ser si las dos personas involucradas están de acuerdo.
Por ahora la vida me sonríe. Algunos pueden pensar que me aproveché de la mala situación económica de mujeres solas y con hijos. A esas personas les digo que tienen razón. Pero el dinero mueve al mundo, a las mujeres les gusta el dinero y a mí me gusta moverme a las mujeres. Es una cadena interminable.
jueves 5 de marzo de 2009
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